martes, 16 de septiembre de 2014

Ficha sobre la lectura "Hoy, para comer..."

Título: Hoy, para comer...

Autor: anónimo.

Resumen:  

En aquellos tiempos, el conde de Sándwich se aficionó a celebrar comidas para ofrecer a sus distinguidos invitados. El chef, sus ayudantes y los mayordomos debían de tener todo a punto para la hora en que llegaran sus amigos.

El olor de los suculentos manjares ya llegaba hasta el salón, donde la mesa vestía con sus mejores galas, había una vajilla de finísima porcelana, cubiertos de plata maciza y delicadas copas de cristal tallado. Todo para la ocasión. El personal de cocina se esforzaba mucho para que los amigos del conde probaran los mejores manjares.




Cuando llegó la hora, el conde recibió cordialmente a sus amigos, les agradeció que hubieran aceptado su invitación, y les invitó a que, mientras la comida estaba lista, jugaran una partida de cartas. Éstos aceptaron la propuesta con mucho entusiasmo.

Un rato después, todos estaban tan animados con la partida que, cuando llegó el mayordomo para avisarles de que era la hora de comer, el conde le dijo que esperarían hasta terminar con la partida. Pero no fue así. 
Cuando terminaron, comenzaron una nueva, y después otra, y otra más... Tanto rato pasó, que cuando se cansaron y se sentaron a la mesa, la ensalada estaba reseca, el pollo había perdido su jugo... Ya ninguno de los platos tenía la pinta de antes. Los invitados apenas comieron nada. Los platos volvían prácticamente igual a la cocina para el disgusto del cocinero.



Desde ese día, el conde y sus amigos se divertían tanto que las citas se organizaban repetidamente, cada día. Y siempre ocurría lo mismo: el cocinero y sus ayudantes preparaban los mejores manjares, y luego los invitados apenas picaban algo, por su tardanza en dejar la partida. 

Hasta un día, en el que el cocinero se hartó. El mayordomo había avisado por cuarta vez al conde de que ya todo estaba listo para comer. Pero de nuevo, el delicioso asado dejaría de estar en su punto. Entonces el cocinero tuvo una gran idea: empezó a cortar el rosbif en filetes. A continuación, partió unos tiernos panecillos e introdujo un par de lonchas de carne calentita en medio de cada uno. Los colocó en cuatro bandejas, y seguidamente, los mayordomos los sirvieron entre los invitados. 


Éstos quedaron estupefactos, al probarlo, sintieron que un delicioso sabor les inundaba el paladar. ¡Estaba riquísimo! El conde los felicitó orgulloso. Desde entonces, en las partidas de cartas en la casa del conde, no habría por qué desperdiciar más comida. 
Ahora había una manera mucho más fácil y cómoda de jugar y comer delicias al mismo tiempo. Y de esta curiosa forma nació el sándwich, que tomó ese nombre en honor al protagonista de su historia.

Opinión:  

Esta historia me ha parecido bastante curiosa. Porque el cocinero tuvo una idea buenísima. Con el sándwich podrían saborear el mismo manjar jugando que sentados a la mesa. No se podía permitir que el personal de cocina se esforzara tanto en preparar la comida, para que luego los invitados no pudieran saborear su sabor original. Además, ¡el nombre de sándwich le va muy bien!


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